06 febrero, 2015

Una palabra, una historia: Chocolate.

-Criadaaaaa!!!!!! -dijo desde su habitación la Sra. Stephan- Quiero ya mi desayuno!!!!
La criada, pensando cual sería la vez que la llamaría por su nombre acudió corriendo.
-Ahora empiezo el desayuno- dijo apresuradamente con ese temblor de manos que sufría cada vez que entraba en la habitación de los Srs. Stephan.
-¿¡Que aún no lo has empezado!? ¿Qué quieres, que me muera de hambre? ¡Venga, corre!-  La Sra. Stephan gritó tanto que todos los pájaros del jardín salieron volando y la criada también voló hacia la cocina.
Peló y cortó las naranjas y se puso a exprimirlas con una mano mientras con la otra encendía la tostadora para hacer una tostada con mantequilla, mermelada de frutos del caribe y una pizca de azúcar. Cuando ya tuvo esto acabado sacó las magdalenas, los croissants y las ensaimadas y pusó un bol con cereales y yogurt desnatado. Luego empezó a realizar el chocolate caliente. Era la parte más díficil del desayuno ya que tenía que aromatizar el chocolate con canela, anis y menta y si se pasaba la Sra Stephan lo notaba. Ella lo notaba todo. Por último colocó todo en la bandeja y se dirigió a la habitación. Esta vez las manos le comenzaron a temblar en el pasillo.
Cuando llegó a la habitación oyó un "por fin" de la Sra. Stephan y antes de que se diera cuenta de que había una alfombra tropezó con ella y le echó todo el desayuno por encima.
La Sra. Stephan comenzó a chillar y todos los criados de la casa acudieron a ayudarla. A la criada se le nublaron los ojos y no pudo ver nada más. Aquella misma tarde estaba saliendo por la puerta de la mansión para no volver nunca más. Algunas lágrimas cayeron de sus ojos para brotar en aquel jardín al que le dio las gracias por los únicos momentos de tranquilidad que había pasado en aquella casa.

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